lunes, diciembre 05, 2005

Historias de viajeros

El ser humano se ha movido.
Durante los innumerables años que quedan atrás de este momento presente, ha viajado a otros parajes, otros continentes, otros mares. Incluso ha salido de este pequeño rincón planetario llamado la Tierra, y ha puesto los pies en otro mundo.

Las historias que contaban los viajeros, los exploradores que volvían al hogar después de haber visitado lejano lugares y visto extraordinarias cosas, en ocasiones pasando de generación en generación, han traido esos lugares y esas cosas al cálido rincón junto a un fuego donde el narrador relata.
Algunas han llegado hasta nuestros días y nos ilustran cómo pensaban, qué sentían al caminar hacia lo desconocido, qué ilusiones y qué sueños de grandeza movían a esos exploradores a alcanzar fronteras nunca antes holladas.

Viajamos a diario. Incluso los que tenemos una vida marcada por la rutina de un trabajo nos subimos cada día a un coche, un autobús, o un tren. El ser humano no está hecho para estarse quieto.
Vamos y venimos. Viajamos.

Pero hay otra forma de viajar. Una que no conoce las fronteras ni del espacio ni del tiempo: la imaginación.

Resulta difícil imaginar a un ser humano que no imagine. Todas las personas que conozco o he conocido tienen ilusiones, sueños, proyectos, castillos que de una manera u otra no necesitan otra cosa para sostenerse que el aire que los rodea. Maravillosa y divina capacidad.
Pero la imaginación no es solamente eso; también da la capacidad para crear, para investigar, para abstraer y para teorizar.

Es la herramienta más poderosa que tiene el ser humano. Tiene un poder ilimitado.

Sentémonos, amigos.
Sentémonos alrededor de un fuego y relatemos las historias de nuestros viajes.

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